Bajo las húmedas notas escritas que buscan tu frente dorada, me encuentro yo, aún más humedecido.
Mi alma se vuelve acuarela y a través de tus pupilas pinta todo tu espacio.
La sangre la siento espesa y corrosible, y mi piel ha perdido brillo, ahora es áspera y gris.
La lejanía del silencio, lo filoso de la indiferencia, el daño de lo prematuro, y lo ilusorio de los recuerdos.
En lo fatuo de las sensaciones todo está quieto, y aún se percibe el gusto de lo último que sintió, de allí brota la humedad que conmigo te humedece.
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