miércoles, 27 de julio de 2011

El hombre que no podía dormir los domingos.

Él escribió esto, pero no un domingo, sino. Ah, me olvidaba, antes que emprendan la estúpida tarea de imaginarme él, una aclaración: el hombre que no podía dormir los domingos no soy yo.
Como decía antes, el hombre que no podía dormir los domingos escribió esto un sábado.
Aunque ahora se me hace verdaderamente difícil distinguir quien escribió esto en realidad. Si él no soy yo, y él escribió esto ¿entonces cual es mi función?.
Acordemos que él lo escribió y yo lo relato, pero que quede claro que no lo escribí yo, porque yo no soy el hombre que no podía dormir los domingos, más allá de que a veces me cueste un poco.

En mi texto, que él escribió, el hombre que no podía dormir los domingos se murió, supo tener dos cucharadas de azúcar al ras en una taza de café. 

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